lunes, 31 de agosto de 2009

Cuento No. 6 - El Hotel de los Muertos


Era un viernes a las tres de la madrugada, cuando un gato negro como el azabache observaba una extraña escena en el cementerio. Un solitario sujeto arrastraba los pies, dejando marcas en la tierra. En su mano derecha llevaba una vieja y corroída pala. El excesivo uso la había deteriorado, pero aún cumplía con su función y lo haría por muchísimo tiempo más. Sobre su hombro izquierdo reposaba un bulto de considerable tamaño. Una persona normal se agotaría rápidamente cargando con tanto peso, pero este sujeto era especial. Al parecer, tenía una fuerza extraordinaria.

El gato abrió ampliamente sus ojos (que eran rojo escarlata), bajó del árbol en el que reposaba y fue tragado por la espesa neblina.

La mayoría de las lápidas se mantenían erguidas ante la tenebrosidad de la hora, otras hacía tiempo que habían decidido descansar sobre la grama. El lugar estaba abandonado, y el único visitante que había recibido en años era aquel singular sujeto.

El visitante de la noche descendió por una ladera fangosa, casi deslizándose. Aunque la bajada era inclinada y cargaba con bastante peso extra, el sujeto avanzaba con admirable agilidad, nada propio de alguien con un cuerpo como el suyo. Llegó al fondo del pequeño valle, donde la neblina cubría totalmente el campo de visión.



A pesar de lo que se pudiera decir, la ciudad era, en general, bastante normal. Los habitantes se dedicaban a sus quehaceres sin quejarse y cada quién cumplía con su deber eficazmente.

Era un lugar seguro, los policías se paseaban continuamente por todas partes, portando su reglamentario armamento. No había quien se atreviera a desafiar las leyes. Y aquella tranquilidad y orden eran perfectos para los turistas, que continuamente llegaban a la pequeña ciudad para descansar.


SÁBADO - 9:00 AM
La pareja alquiló una habitación grande. Llegaron en el tren de la mañana y decidieron quedarse a descansar. Pusieron su par de maletas en una esquina y se acostaron en la cama matrimonial. Estaban agotados. El viaje que hacían era excesivamente largo, así que habían decidido pasar un día en esa pequeña ciudad. Pronto se durmieron.


1:00 PM
El hambre despertó al hombre. Era un moreno de ojos verdes, de altura promedio y contextura fornida. Se sentó y apartó las sábanas. El leve movimiento despertó a su mujer. Sus cabellos eran rubios, tenía los ojos oscuros y lucía un buen cuerpo. Una pareja que llamaba la atención, incluso en aquella ciudad que ya había visto todo.

Cambiaron sus vestimentas por otras limpias y más frescas (porque hacía bastante calor), luego tomaron algo de dinero y salieron del hotel, dejando el par de maletas atrás.

Luego de comer pequeñas porciones de pizza, pasearon por las semidesiertas calles tomados de la mano.

-Mi amor- comentaba ella-, ¿te has fijado en sus ropas?
-Sí, Lillian. Un poco llamativa su moda.
-Dirás retro.
-Cada loco con su tema amor, si aquí está de moda pues bien por ellos.

Ella sonrió y luego preguntó:

-¿Qué te parece si vamos de compras?


3.00 PM
El único tren que usaba aquellas vías hacía su quinta parada en la pequeña ciudad. Luego partía de nuevo y hacía su sexta y última parada siete horas más tarde. Sólo un hombre se apeó. Éste tenía más de cincuenta años y su cabello se estaba poniendo pálido con el paso del tiempo. Ya estaba cansado del viejo tren. Levaba una maleta forrada de terciopelo verde oscuro.

-¡Dios, qué calor hace!

Entró en la terminal de trenes a tomar un pequeño aperitivo, probablemente un refresco, y luego continuaría con su viaje.

-Señorita- le decía a una joven que atendía en una vitrina sucia-, ¿me vende un refresco por favor?

La muchacha sacó un refresco de uva y se lo despachó al hombre. Éste lo bebió de un sólo trago. Después se fijó en la joven. Era hermosa, pero tenía una mirada examinadora. Y extraña.

-Jamás había escuchado de esta marca de refrescos.
-Es de aquí- contestó ella-. Sólo nosotros lo preparamos.
-¿En serio? Y supongo que las uvas son de aquí mismo.
-Es lo único que se cosecha por aquí.
-Interesante. Bueno jovencita, ya me marcho. Gracias por la bebida.
-Y a usted por la visita.

El hombre salió de la terminal, pero no encontró al tren esperando afuera.

-¿Qué demonios?

Volvió hasta donde se encontraba la señorita y le preguntó:

-Disculpe, el tren en el que vine ya partió y no pude alcanzarlo. ¿Sabe usted dentro de cuánto vendrá otro?

La joven sonrió y le respondió:

-Ya no vendrán más por hoy, sólo llega uno por día.
-¡Rayos! ¿Y dónde encuentro un hotel?


5.00 PM
Habían ido a comprar prendas anticuadas para ver si los ciudadanos dejaban de observarlos con mirada extrañada, pero aún así seguían llamando la atención. Decidieron ignorarles.

-Vayamos a comer helado- ofreció el hombre.
-¡Sí- aceptó la mujer-, por favor Evan!

El calor de la tarde era agobiante, así que les sentaría muy bien. El único sabor que vendían era uva, menos mal que a ambos les gustaba.


7:00 PM
Al hombre no le agradaba dejar sus cosas por ahí, fuera de su vista, así que tomó su maleta de terciopelo verde oscuro y salió de la habitación del hotel. Tenía hambre y se fue a buscar un buen local donde pudiera comer hasta saciarse, y tomarse unas buenas cervezas después.


11:00 PM
-¡Los camarones estaban deliciosos!
-Y baratos también. Valió la pena quedarnos hoy.
-Aunque si hubiésemos seguido en el tren hace horas que habríamos llegado.
-Sí, Lillian. Pero no está de más pasear y conocer un poco. Además, fue tuya la idea de quedarnos aquí.
-Y no me arrepiento de ello. Es divertido perderse contigo de vez en cuando.

Él le regaló una sonrisa maliciosa y ella se rió con un pequeño toque de vergüenza. Evan soltó su mano y cargó a la dama como años atrás la había cargado el día de su boda, antes de depositarla con delicadeza en la cama que compartirían por mucho tiempo. Lillian acarició el rostro de su esposo.

-Deberías afeitarte- dijo ella entre risas.
-Me dio fastidio hacerlo.
-Bueno, no importa. Te ves más masculino así.

Él sonrió una vez más y siguió avanzando hacia el hotel. La juguetona escena se reflejaba en unos ojos escarlata, pertenecientes a un gato negro como el azabache. El singular animal corrió entre las sombras de la noche y se sentó ante los enamorados. El hombre se detuvo.

-¡Ay, que hermoso gato!- exclamó ella, al tiempo que se bajaba de los brazos del joven moreno.

La mujer se acercó al felino, que permanecía inmóvil. Cuando estuvo lo suficientemente cerca le acarició una oreja. Su pelaje era inusualmente suave.

-No lo toques mucho- dijo Evan-, es un gato callejero.
-Pero es que es tan bello. Provoca llevárselo. ¡Mira esos ojos!

Hubo unos segundos de silencio, en los que él analizaba al animal. Luego habló:

-Sí, es hermoso.

Ambos acariciaron al gato y luego siguieron con su camino, dejándolo sentado donde estaba, inmóvil como una estatua.


1:00 AM
Unos suaves golpes la despertaron. Pero estaba tan cansada que sólo cambió de posición y tapó sus oídos con su almohada. No había nada que la molestara tanto como un buen sueño interrumpido por tonterías.


1:30 AM
-Amor, voy al baño un momento.

Evan asintió con un gruñido. Estaba molesto porque unos golpes lo habían despertado. No le dio mayor importancia ni a los ruidos ni a su esposa.


2:00 AM
El hombre moreno despertó. Estaba solo. Entonces recordó que Lillian le comentó que iría al baño. "¿Para que necesita avisarme que va a usar el baño?", pensó. Se sentó en el filo de la cama.

-Demonios. ¿Lilly?

Nadie contestó. Activó el interruptor de la luz, pero no funcionó. Estaba sudando. Notó que el ventilador se había apagado solo.

-No debe haber corriente. ¡Qué fastidio!

Buscó en su maleta un decorado velón que le llevaba a su madre y lo encendió. "Mamá no se molestará si no sabe que era para ella". Salió de la habitación. No había nadie por ningún lado. Pensó: "claro, eres el único que se pasea por un hotel a las dos de la madrugada".

Escuchó ruidos en la cocina. Definitivamente había alguien allí. Un botones comía un bocadillo nocturno.

-Disculpe. ¿Ha visto usted una rubia por aquí?

El sujeto le ignoró completamente.

-¡Hey! Estoy hablando con usted.

Sacudió con fuerza al botones. Su cabeza cayó de sus hombros y rodó hasta chocar con el refrigerador.

-FUCK- gritó Evan.

Corrió hasta la habitación más cercana y golpeó la puerta con fuerza. Una mujer muy obesa se asomó.

-Disculpe señora, hay un hombre muerto en la cocina y no encuentro a mi esposa...
-Deje de molestar, mis niños y yo intentamos descansar.
-¿Acaso no entiende lo que le he dicho?

La mujer cerró la puerta. El corazón de Evan latía fuertemente, bombeando por sus venas pánico y desesperación. Corrió hacia la cocina. La cabeza aún permanecía en el suelo y el cuerpo seguía de pie, tal cual los había dejado. Descolgó la bocina del teléfono y llamó al hospital de la ciudad. Nadie contestó. Llamó a la policía.

-¡Aló! ¡Policía! Estoy hospedado en el hotel de la ciudad. Hay un muerto en la cocina y no logro encontrar a mi esposa, hace rato que salió para usar el baño...
-No se sorprenda por el muerto, aquí todos lo estamos. Incluso usted debe estar muerto.
-¿De qué está hablando? Necesito su ayuda.
-No puedo ayudarlo, estoy muerto.

Evan colgó el teléfono y salió del hotel. No había nadie en las calles.

-¿Qué clase de pesadilla es esta?

Miró al suelo y encontró una maleta de terciopelo verde oscuro. Un gato negro como el azabache estaba sentado sobre ésta. Observaba a Evan con hipnóticos ojos rojo escarlata. El joven moreno se agachó para acariciarlo, pero el animal salió corriendo colina arriba. El hombre corrió tras él, no sabía para qué, pero sintió que debía hacerlo.

-¡Lillian!- gritaba desaforadamente, con esperanza de recibir respuesta pronto.

Ambos siguieron corriendo hasta que el hombre se cansó y se apoyó contra una pared. En toda la ciudad no había encontrado más movimiento que el suyo propio y el del felino. Se sentía como un desquiciado y no entendía nada. Había sudado tanto que la ropa se le había pegado totalmente al cuerpo.

El gato se perdió en la oscuridad. A Evan le llamó la atención que en esa parte de la ciudad hiciera frío, mucho frío. Alzó la vista hacia donde el animal había desaparecido. Divisó a menos de treinta metros al cementerio de la ciudad. La naciente neblina no le permitía ver más allá. Agradeció llevar el velón, pues la oscuridad era casi total. Ni siquiera podía ver la luna. Continuó avanzando hacia el "Hotel de los Muertos".


3:00 AM
La noche no termina aquí. Las manecillas del reloj siguen avanzando.


Continuación: http://blackjasz.blogspot.com/2009/09/cuento-no-7-el-sepulturero.html

Black JASZ

sábado, 29 de agosto de 2009

Para Reflexionar Unos Minutos: ¿Superiores a nuestra madre?

La relación entre el hombre y la naturaleza, y el equilibrio que hay entre ellos, se están deteriorando a una velocidad tan alta y ni siquiera notamos cómo nos estamos dañando no sólo a nosotros, sino también a nuestro entorno.

Basta con asomarnos en nuestras calles y veremos muestras de nuestra supuesta superioridad sobre la naturaleza. La mentalidad humana, y nuestro ego, nos ha arrastrado a buscar la perfección material y creer que somos más que la naturaleza que nos dio vida. Queremos tener más y más beneficios y hemos llegado a un punto en el que, incluso, nos quitamos bienes entre nosotros. Además privamos a nuestros semejantes de cubrir sus necesidades básicas, sin siquiera notar que ellos están allí. Esto se ve a diario en todas partes: hombres multimillonarios, dueños de mansiones, automóviles y aviones, y hombres pordioseros, dueños de su vida y nada más.

En nuestra autoconsagrada superioridad hemos restado valor a los demás animales. Miles de especies están en peligro de extinción por nuestra causa. Por ejemplo, nos divertimos cazando en simples "deportes" hasta acabar con especimenes únicos.

Bajo ciertas injustas condiciones no se considera delito matar a un animal, así la muerte sea violenta y cruel, pero si es contra un humano sí lo es. Basado en esta realidad se puede afirmar que lo que importa para nosotros no es si una acción es buena o mala, sino si es buena o mala para nuestra raza.

Recuerdo que una vez conversaba con una amiga sobre esta temática, y me comentó que durante el Romanticismo (que fue un período que definió especialmente nuestras ideas actuales sobre lo que es arte y la función del artista en la sociedad) se exaltó aquello de que el hombre es superior a la naturaleza, puesto que es capaz de crear sin ningún fin (como ella misma me explicó, se considera al arte como algo sin finalidad o utilidad alguna. Mi amiga es muy diestra en la materia), mientras que en la naturaleza todo se mueve por necesidad, incluso la creación. A partir de entonces el artista comenzó a reconocerse a sí mismo como un ente excepcional, a veces mejor que cualquier dios.

Aunado a esto, también en ese ámbito somos crueles con la naturaleza. Leí hace tiempo sobre un hombre que se hizo famoso con una "pieza de arte contemporáneo" que consistía en encerrar a un perro en una habitación y verlo morir de hambre. Y es que el concepto de arte contemporáneo se ha tornado aberrante. ¿Se puede considerar artista a un sujeto como éste? O prefieren llamar artista a uno que colocó carne podrida en un frasco de vidrio para que la gente "admirara" a las moscas que la comían, entre micrófonos que amplificaban el ruido que emitía los aleteos.

Somos diferentes al resto de la naturaleza, ya que sólo el hombre posee razón y conciencia (y esto, según muchos, nos hace superiores). Los diccionarios definen la conciencia como el conocimiento íntimo del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar, ¿pero bien y mal para quién y según qué criterios? A este paso los "seres superiores" acabarán con la naturaleza que les provee todo lo que necesitan y aún más.

Debemos considerar nuestras acciones y pensar en las consecuencias que éstas acarrearían, y en que los demás seres tienen tanto derecho a la vida como nosotros mismos o terminaremos solos en La Tierra, si es que dejamos mundo para habitar. Una pequeña colaboración por parte de cada uno ya supondría un gran avance. Pero la mayoría de los que saben estas cosas siguen siendo pasivos, sin contribuir en nada y sin fomentar una mejor conciencia.

Y en cuanto a nuestra superioridad sobre nuestra madre proveedora de todo: hay que recordar que no somos superiores a ella, somos sólo una pequeña parte más.




Jesús A. Serrano (Black JASZ)
Agradecimientos a Maghiva Rivero(Verthandi B. Wonka), mi amiga conocedora del arte.

jueves, 27 de agosto de 2009

Story # 1 - Wolve`s Love


“I’m so cold. The night is as icy as my heart. Yes, I know. I’m strange and crazy, I’ve got to admit it. But it is not my fault that I am. As a kid I always had quarrels with all my friends, and ended up playing alone. It’s not my fault that I am the way I am, they were the ones that had issues with my looks and that’s why we always ended up fighting. No one ever understood me.

Little by little I learned to bear rejection, and though sometimes they were very cruel to me I kept on being there for whoever needed me. My father always told me: “Don’t pay attention to those faggots, don’t be an idiot”. But though both of us had the same problem, he didn’t understand that they were my friends, not some faggots.

My mother was always by my side, helping me bear the pain the others caused me. And she understood and supported me: “They don’t understand your condition, my love. Don’t listen to them and keep playing with your little friends.”
A sad day of November my mother died, leaving me on my own with my father. It was hard to see her face for the last time, though I felt at ease, for she was smiling -lifelessly, but smiling nonetheless.

Years went by and I got used to the pain, making myself immune in most cases. But I wasn’t happy. My life was completely empty.

Then came Lucy, and with her love. She was an amazing, unique girl: smart, beautiful and tranquil. I couldn’t ask for a better woman. In spite of how I was she loved me and appreciated me. She accepted me. My feelings started growing towards her; until, without reason, she disappeared, walking away with a better man than me. I never heard of her again.

But I wasn’t entirely on my own. Elvira was always with me, never letting me down. She saw me as nobody else did. Elvira was like me. And she found beauty in me. She’d been my friend all through my life, we’d been together since the first time we saw each other (while we were both in diapers we shared sweet and sin-free games). I fell in love of her too, but her love had a name, and it wasn’t mine. Still, I was glad of being with her, though when I looked at her I remembered what I felt.

People weren’t bothered by my looks anymore. They learned to tolerate my visual aggression. That didn’t make me happier, but it didn’t cause me problems either. Though, when they crossed my path, they glanced at me oddly. That was something that never changed.

I began working and found true friends that supported me as much as my heart needed it. I learned from them to enjoy the little joys as much as the larger ones.

Elvira cried by my side after ending her years-long relationship. To think that they were planning to marry two months after the little incident happened. The love of her life had gone away in the hands of another, just like my Lucy had. After some months I finally got the courage I needed to declare my feelings for her. It still surprises me that she felt something similar for me. I wasn’t lonesome in any way anymore.

After the wedding my life turned into the most wanted success that so many aspire.

I was finally happy, and I forgot every wrong thing that had happened. I ended up being blinded by love before the world. And that blindness kept me from realizing I was being deceived for a long time. My wife was seeing the same idiot that had once dumped her. In my house. While I worked to progress, to buy my beloved one more gifts.

But I discovered her. My eyes saw her without her knowledge. My heart had been broken again, and for the last time. A thousand ideas went through my mind, and I made my choice.

But everything has happened now. I felt nothing while I hit her head with all my might. It was easy for me. It took me a whole night to bury her under the cherry trees of my backyard. And I think nobody saw me doing it. Now she’ll rest in peace. Yes, I know. I’m insane. But it isn’t my fault. I just wanted to be happy, but the world kept destroying me without understanding anything at all.

Lucy left, so did Elvira. I’m sick of my life, and that’s why, in this cold night, I’ve decided to end it. There isn’t any sense in writing this depressing letter either.

With lots of affection, to whomever finds this letter on my bedside table. I’ll go to sleep for the last time. I’m tired of everything.

Bartholomew “Little wolf” Gonzalo”




Bartholomew, whom suffered from Hypertrichosis, woke up from a nightmare in which he wrote a suicide letter. His head was aching. His conscience was driving him insane for having cheated on his wife with another woman with his same illness. “Stop it” –he thought-, “It’s time to tell her the truth and ask for her forgiveness. I’ll understand if she doesn’t want to see me again”. He tried to get up, but there was no room for that. He was in a very dark and narrow place. It was then that he realized that he was locked in a weird box, and it smelled like blood and cherries…

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By Black Jasz
Translated by Verthandi Wonka

domingo, 23 de agosto de 2009

Cuento No. 5 - Shaggy


La niña ya no dormía, aunque seguía tendida apaciblemente en su cama. Era muy tarde. La poca luz que había provenía de la luna llena: atravesaba la ventana y hacía brillar el claro cabello de la pequeña. Unos golpes secos resonaban desde afuera de la habitación. La niña supo que alguien se acercaba. Súbitamente los ruidos callaron, y segundos después tocaron a su puerta.

Normalmente la pequeña hubiese cantado "pase" con infantil voz, pero no emitió ningún sonido. Aún así la puerta se abrió y una enorme figura entró con arbitrariedad. Se acercó muy lentamente y luego observó con curiosidad a la niña. Ella sostenía una mirada serena ante su presencia. Ninguno se movió durante varios minutos.

Ella: pequeña, delicada e inofensiva. Él: grande, feroz y peligroso. La niña no sonreía, pero tampoco corría. Él no entendía eso. Abrió su boca (que en ese momento era más bien hocico) y preguntó con ronca voz:

-¿Porqué no me temes?

Ella lo miró y respondió casi sin inmutarse:

-¿Porqué habría de hacerlo?

Él la observó incrédulo. Luego se acercó más a ella y le mostró sus filosos dientes con una sonrisa que habría espantado al hombre más valeroso. Pero no asustó a la niña, inocente de la situación en la que se hallaba. Entonces levantó uno de sus peludos brazos y con sus ensangrentadas garras destrozó la mesita de noche con un único movimiento. La pequeña permaneció tranquila.

-¿Por qué no huyes de mí?
-¿Por qué habría de hacerlo?
-Soy un asesino.
-A mi me pareces un animal muy grande y peludo que puede hablar- giró su carita y vio la mesa rota-. Y que está molesto y por eso rompe cosas.

El licántropo se sentó al borde de la cama, empezaba a interesarse en la pequeña. Ésta le dijo:

-Mi nombre es Elizabeth. ¿Cómo te llamas tú?
-Elizabeth- repitió-. Es adecuado para una niña bonita como tú- ella, acostumbrada a ese tipo de cumplidos, no sonrió siquiera-. ¿Mi nombre? No lo sé.
-¿Cómo no lo sabes? ¿Lo olvidaste?
-No recuerdo haber tenido uno.

Entonces fue la niña la que mostró rostro escéptico. ¿Cómo alguien tan viejo podía no tener nombre?.

-Bueno, ¿entonces cómo te llaman tus amigos?
-No recuerdo haberlos tenido tampoco.
-¿Y la gente que conoces? ¿Y tu familia?
-A casi todos los maté.

El silencio le daba a la habitación en penumbra un aire muy sombrío. El hombre lobo sonrió internamente: pensó que Elizabeth finalmente comenzaría a gritar con esa afirmación. Entonces ella abrió la boca:

-¿Qué te parece si te llamo Shaggy?
-¿Shaggy?-preguntó anonadado. Se preguntó "¿Por qué nada la asusta?".
-Si. Así se llamaba mi perrito. Y tú pareces un perro gigante.
-Ridículo.

Ella no dijo nada.

-¿Y si decido lastimarte?- preguntó la bestia.
-No me harás daño. Mi papá me salvara- aseguró con aplomo.
-¡Ah! ¿conque es eso lo que evita que te asuste?
-Sí. Prometió salvarme de cualquier monstruo malvado que quisiera hacerme daño.
-Tu papá está muerto. Yo lo maté.

Elizabeth, que se había mantenido tranquila en todo momento, se mostró presa del miedo. Comenzó a llorar.

-¡Shaggy, mentiroso!- gritó entre llantos.
-No te miento, Elizabeth. Y no me llames así.
-¡PAPÁ! ¡PAPÁ, VEN!
-No vendrá.
-¿¡PAPÁ DÓNDE ESTÁS!?

Elizabeth se levantó y salió corriendo de su cuarto. El animal la siguió tranquilamente hasta la habitación de sus padres. Ella golpeó la puerta con fuerza. Nadie contestaba.

-No deberías entrar- advirtió la bestia.

Los llantos de la pequeña aumentaban cada vez más. Mientras, era tan tarde que más bien se estaba haciendo temprano. Su padre debía estar durmiendo tranquilamente, como siempre lo hacía a esa hora. La niña abrió la puerta y el licántropo la acompañó.

La habitación era un desastre. El espejo estaba roto, las mesitas estaban destruidas, la cama tenía el colchón destrozado, las lámparas yacían en el suelo y la alfombra estaba manchada. Sucia de sangre. Sobre ella el padre descansaba inmóvil, como sin vida. Sangrando.

-¡Papá!- exclamó Elizabeth entre lágrimas.

Corrió hacia su progenitor y lo llamó con desesperación mientras le zarandeaba. Pero nada ocurría.

-¿Fuiste tú, Shaggy?
-Sí, fui yo. Y deja de usar ese ridículo nombre conmigo.
-¿Qué le hiciste a papá? ¡Shaggy malo! ¡Te voy a volver a amarrar al árbol y no te dejaré ir!
-¿De qué demonios estás hablando?

Elizabeth continuó llorando sobre su padre. Entonces preguntó al animal:

-¿Y mi mamá dónde está?

La bestia recordó a la agonizante madre de la niña arrastrándose por el suelo, pidiéndole piedad a su señor.

-Está muerta.
-¡Shaggy, devuélveme a mis papás!
-¡BASTA YA CON ESE NOMBRE! Te asesinaré a ti también si sigues llamándome así. No te hice nada tan sólo porque necesitaba saber porqué no me temías.
-¡SHAGGY MALO!
-¡BASTA!

El licántropo rugió con mucha fuerza, y la niña lloró con la misma estridencia.

-¿Qué te hicieron para que los hirieras?- sollozó Elizabeth.
-Tu madre no me hacía caso ni a mí, ni a mis instintos. Y bueno, a tu padre lo maté porque simplemente tuve ganas de asesinarlo.

La pequeña continuó llorando, ahora en silencio. Los minutos pasaron lentamente.

-Veo que sufres mucho- afirmó la bestia-. Te ayudaré a dejar atrás el dolor.
-¿Vas a matarme a mi también?- preguntó con aguda voz, terriblemente quebrantada. Su corazón palpitaba muy rápidamente y en sus venas corría el terror.
-Sí.

Elizabeth sólo sollozaba. Se aferró a la mano de su padre, como si fueran a pasear juntos, y cerró sus ojos con mucha fuerza tras ver al licántropo levantar sus ensangrentadas garras...



-¿Elizabeth?- preguntó una asustada voz femenina- ¿Elizabeth estás bien?

La niña sintió que la apretaban con fuerza. Abrió los ojos y vio a su madre llorando con ella en un abrazo. La habitación estaba bañada en el color de la sangre.

-¡Mamá!
-¡Ay, mi pobre pequeña! ¡Qué susto te habrás llevado! ¿Estás bien?
-Sí.
-¡Qué bueno que estás a salvo!
-¿Mamá?
-¿Sí, mi amor?
-¿Porqué te sangran las manos?




Black JASZ

sábado, 15 de agosto de 2009

Cuento No. 4 - Luz Verde


Las estrellas brillaban con todo su esplendor esa noche, así que vencían con facilidad a la espesa bruma, causada por la humedad. Extendió su mano derecha para tantear a su lado, buscando sus anteojos. No los encontró, así que los abandonó sin hacer más. Era muy tarde ya, ¿para qué los necesitaría entonces?

La luna había olvidado la vergüenza y ahora mostraba su rostro completo a la ciudad. Parecía sonreír ante el panorama. El hombre se esforzó por devolverle el gesto, pero estaba muy cansado. Cerró los ojos y recordó en silencio...

Manos con manos, labios con labios, piel con piel. Los cuerpos se rozaban con suavidad, con cariño, con amor. No eran dos ni más, eran uno sólo que se movía manteniendo un ritmo lento, con sentimiento. El lazo entre ellos era también físico.

Un reloj de pared marcaba los segundos sobre ellos. El silencio era cortado nada más que por el delicado tic-tac del reloj, que actuaba como director de la callada orquesta motora. Los minutos huyeron rápidamente entre la oscuridad, hasta que por fin los músicos se detuvieron. Respiraciones cortas llenaron la habitación.

Nuevamente eran dos seres. Se miraron a los ojos, en medio de la penumbra de la habitación. Ninguno decía nada, cada uno esperando que el otro leyera "te amo" en su sonrisa. La noche murió y ellos permanecieron quietos. Era una lástima que fuera la última vez que se besaban, que se abrazaran, que se tocaran. Ellos sabían que tenían que separarse para siempre.

Él partió cuando debió hacerlo, dejándola en compañía del alba. Como siempre, sus deberes le esperaban, los mismos deberes que lentamente habían acabado con su relación. Él la amaba, pero tenía que hacer lo que tenía que hacer.

Ella lloraba. Le dolió verlo salir por última vez. Y pensó "¿realmente tendré que olvidar sus labios?". No podía soportar pensar en que más nunca podría besarlo, en que más nunca podría estar con el hombre al que amaba.

Las horas pasaron y poco a poco sus lágrimas se secaron entre las sábanas. Se levantó y tomó una ducha. Su mente le preguntaba: "¿Porqué tuvo que abandonarme? ¿Si me amaba tanto como decía, porqué me dejó llorando? ¿No quería formar un futuro conmigo? Dios mío, ¿por qué tuve que enamorarme de alguien que no podía amarme a mí?"

-Lo más estúpido es que yo sabía que así sería… Y ahora parezco una loca hablando con un jabón.

El agua que corría se llevaba las disimuladas lágrimas y con ellas se deslizaba un poco de dolor. La mujer salió de la ducha e intento continuar con su rutina de los domingos. Dos horas más tarde sonó su celular:

-Hola amiga- saludó la deprimida mujer-. ¿Cómo estás?
-Yo bien. ¿Cómo terminaron las cosas por fin?
-No quiero hablar de él.
-Coño. Bueno tranquila, hagamos algo para que no pienses en eso.
-Está bien. ¿Qué sugieres?
-Vamos de compras.
-¿Lo mismo de siempre?
-Lo mismo de siempre.
-Está bien. Maneja tú esta vez.
-No. Me da fastidio.
-Maneja tú de ida y yo de vuelta entonces.
-Así quedamos.

El dolor la abatía. Y las compras no ayudaban mucho. En realidad estaba distraída. Sin pensar en nada mas que en eso. Sólo ella y su soledad. Los coloridos vestidos ya no atrapaban su mirada, ya no escuchaba los gritos de "cómprame" de las carteras y el cartel de "ofertas" no la hizo correr con alegría. Simplemente estaba destruida.

-Oye-le decía su amiga-, ¿Que tal me queda esta blusa?
-Tan fabulosa como siempre.
-¿Te está molestando el recuerdo verdad?
-Quiero irme a casa a dormir, será lo mejor.
-¿A dormir?- en su rostro asomó la extrañeza-. Bueno por lo menos no pensarás en nada.
-De todas formas ya está oscureciendo.

Las dos jóvenes salieron sin llevarse nada nuevo, ni dejar nada en la tienda. Entraron en la gran camioneta verde fosforescente. En contra de su voluntad-pero acorde al pacto telefónico-, la afligida tomó el volante y manejó en silencio. Su amiga estaba a su lado, y no se sentía nada cómoda.

-Tienes que olvidarte de él- le comentó con desprecio.
-Lo sé. Pero no es sencillo.
-Aún ahora está arruinándote la vida. ¿Y él? Seguramente está tranquilo, bebiendo como el cerdo asqueroso que es.
-¡Respétalo!-reclamó con autoridad.
-Lo siento, pero es la verdad. Es un inútil desconsiderado.
-¡Basta ya!
-¿Por qué te molesta tanto escuchar la realidad? Sabes que tengo la razón.
-¡NO- gritó con fuerza la conductora-, NO LA TIENES!
-Ese imbécil no te quiere, sólo estaba contigo porque le divertías.
-Al igual que tú, sólo me buscas para que te acompañe a hacer tus compras.
-Eso es mentira-declaró afligida-. Me ofendes, amiga. Respétame por favor.
-¿Entonces por qué sólo te veo entre tiendas? Y no te estoy faltando el respeto, también te estoy diciendo la verdad. Eres tú quien insultas a quien quieres.
-No insulto al imbécil ese que te conseguiste, en realidad es un idiota.
-¡No más que tú!- La conductora se molestó en exceso y comenzó a distraerse de su destino. Y quizás también del volante.



Por fin había muerto la deprimente jornada. Ya tenía tiempo para pensar en sus penas. En su mujer. En su cabeza rondaban las frases: "No pude voltear y ver sus ojos llorosos", "¿Quién diría que tengo esta debilidad en mí?", "de mujeres está lleno el mundo, ya buscaré otra en su momento", "pero a ella es a la que quiero". Se acomodó los anteojos y continuó con su sendero de todos los días. "Me voy a casa".

La noche cayó poco a poco. El cielo se prendió en llamas, y era hermoso. Dolorosamente hermoso. Le recordaba a ella. Ella. "No puedo más, tengo que verla. Aunque me duela hacerlo”. Y él sabía que le dolería buscarla, sólo que no sabía qué tanto. Cambió su rumbo y se dirigió al hogar de la que fue su mujer. "Lo siento tanto". Sus piernas comenzaron a aumentar la velocidad compulsivamente. "Debo apresurarme". Corría. "La amo, la amo demasiado..."

Una delicada lluvia decidió bañar la ciudad, casi con cariño. Un hombre corría bajo esa ducha. Estaba desesperado, emocionado, preocupado, pero decidido. Sabía lo que quería, sabía lo que necesitaba.

Una difuminada luz verde apareció. "Debo apresurarme" repetía el pensamiento del hombre. Entonces, apareció el dolor. Su cuerpo rodó con demasiada fuerza sobre el concreto callejero. Estaba agotado y no podía levantarse. Abrió los ojos. Veía borroso. Extendió su mano derecha para tantear a su lado, buscando sus anteojos. No los encontró, así que los abandonó sin hacer más. Era muy tarde ya, ¿para qué los necesitaría entonces?

La luna había olvidado la vergüenza y ahora mostraba su rostro completo a la ciudad. Parecía sonreír ante el panorama. El hombre se esforzó por devolverle el gesto, pero se hallaba muy cansado. Cerró los ojos y disfrutó de la fría lluvia. Sonrió. Estaba mareado. La realidad se le hizo como un extraño sueño, estaba consciente pero al mismo tiempo no lo estaba. Escuchaba gritos lejanos. Sintió una especie de zarandeo indefinible. "Valió la pena morir por verla, lástima que fracasé". Perdió la sensibilidad. Ni frío, ni calor. "Si tan sólo la pudiera ver". No podía mover ni un músculo. "Si tan sólo la pudiera besar". La respiración casi desapareció. Los gritos persistían. "Si pudiera oírla decir...

-Te amo-le gritó una voz lejana, como de sus recuerdos.

Y después se acabaron los latidos, tras el último beso de la desdichada pareja.

El cuerpo inerte reposaba a menos de tres metros de una gran camioneta verde fosforescente.



Black JASZ

lunes, 10 de agosto de 2009

Cuento No. 3 - Soledad Psicodélica


"¿Por qué de repente hace tanto calor? Hace unos segundos me estaba congelando en esta mierda", pensé.

En ese momento, como proveniente de un libro que había leído hace años y que parecía olvidado, un triste recuerdo asomó en mi cabeza:

Una típica historia de novela. Un protagonista enamorado que pretendía "bajarle la luna" a su adorada. Pero ella al final se fue con otro que en realidad no la quería. ¡Se fue para que ambos terminaran sufriendo!

-¡Esas perras! Las montan en un pedestal y mira cómo responden. ¡Y se quejan de que los hombres somos una mierda!
-Caballero- me reclamó una joven, mostrándome descaradamente su desagrado-, le suplico que modere su vocabulario o tendré que expulsarlo.

La joven estaba sentada a mi lado. Parecía ingerir una bebida más fuerte que la mía y además estar mucho más sobria que yo. La miré a los ojos. Eran color miel, exquisitos.

-¿Te puedo brindar el siguiente trago?- le pregunté al tiempo que esbozaba una leve sonrisa.
-No, gracias- respondió secamente, y luego siguió en su conversación con el barman-.

"Antipática y malagradecida. Nada original esa combinación."

A pesar de aquello no pude evitar evaluarla, aunque por alguna razón no la podía ver bien. Lucía borrosa. No me importó mucho ese problema. Lindo rostro, figura esbelta, piernas hermosas. ¡Cuán bella era! Eso explicaba el porqué de su actitud.

Bebí un último trago y me fui. La noche nacía más hermosa que nunca, bendito cielo rojizo que se burlaba de mi soledad. El aire se enfriaba muy rápidamente. Mis pies andaban a ciegas: no sabía hacia dónde me llevaban, sólo dejé que cumplieran su trabajo.

Era viernes por la noche. Como aún era temprano las personas seguían circulando las calles, sumidas en su ajetreo cotidiano. Una mujer extrañamente alta pasó junto a mí, luciendo sus extraños ropajes. Tras ella venía una pequeña niña, tan extravagante como quien la precedió.

Miré hacia el cielo. Las primeras estrellas teñían de luz el oscuro manto que nos arropaba a todos. Parecían danzar, como si estuviesen jugando. "¿No se aburrirán de hacer lo mismo todos los días?"

-¡Idiota- se quejó un hombre mayor al tropezar conmigo- fíjate por dónde andas!

Aquel hombre se tambaleaba al caminar, y en su movimiento a varios atropellaba. "Otro más que baila". Reí. Que extraño reír. ¿Cuándo fue la última vez? Era algo difícil de recordar. Qué patético.

A mi lado pasó otra mujer. "Dios mío". Su cuerpo era increíblemente desproporcionado: brazos alargados, piernas cortas, demasiado delgada. Pero lo más sorprendente eran sus manos: tenían el mismo tamaño que su cabeza, o al revés.

-¿Qué tiene la gente hoy?- me pregunté en voz muy baja.

Comencé a agotarme y aún no sabía hacia dónde iba. De hecho, no sabía siquiera dónde estaba. Era como si no conociera la ciudad en la que había vivido desde mi nacimiento. La sed empezó a afectarme. "¿Dónde puedo comprar algo de beber?". Bien podría haberle preguntado a cualquiera a mi alrededor, pero cuando me dispuse a hacerlo me aterré: la gente que me rodeaba vestía ropa extraña de colores inimaginables (como si arcoiris extraterrenales bañaran sus vestimentas), sus cuerpos habían adquirido formas de todo tipo e incluso más, y sus actitudes no eran más normales: se congregaban a mi alrededor para jugar conmigo a indios que bailaban y cantaban alrededor del fuego para convocar la lluvia, porque la sequía ya los había castigado bastante. Sus miradas vacías se reían de mí y sus danzas me hacían sentir acosado.

Mis piernas no aguantaron más, así que tomé una gran bocanada de aire y me senté sobre el suelo, al borde de la acera. Nuevamente alcé la vista al cielo. Las estrellas ya no estaban allí, su madre la luna se las había llevado a jugar a otro lado. En su lugar el manto celeste estaba adornado con animales, casas, carros, juguetes, animales, árboles, frutas, animales, libros y un perro. Todos enormes y brillantemente coloridos. Todo un circo de juegos.

La "gente" me tropezaba, así que me rodé hasta apoyarme en una pared. Ellos seguían su curso natural, aunque sus aspectos eran aún más extraños. Pero al menos ya no me acosaban. Me ignoraban. Finalmente me dejaban en paz. Una vez más vislumbre el cielo (donde ya no estaban las juguetonas figuras sino un montón de apetitosas golosinas) y dije:

-Gracias por los favores recibidos, Dios... ¿o mamá? Oh, madre te prometo que no volveré a andar con esos niños, pero ya deja de golpearme.

¿Qué niños? No importaban ya. Eso sucedió hace mucho tiempo. ¿Pero qué tanto? ¿Qué hora era? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que salí de mi hogar para tomar unos tragos anoche? No me había percatado, pero quizás habían sido días, meses o incluso años. Consulté mi reloj. Las manecillas avanzaban en direcciones contrarias a velocidades de vértigo.

-¿Alguno de ustedes podría decirme qué hora es?- pregunté con fuerza.

Sólo podía escuchar el silencio llegar a mis oídos. Mi única respuesta fueron un par de miradas acosadoras por parte de las masas coloridas que andaban frente a mí. Una de ellas se acercó y me dijo:

-Quizá sí debí aceptarte el trago.
-¡Cállate perra!- le respondí- Eres igual a todas las de tu clase.

La masa cambió de forma y colores y me dijo:

-¡Mi pequeño! ¿Qué te ha pasado?

Intenté responder inmediatamente, pero el agotamiento y la sed no me permitieron hacerlo. Inhalé un poco más profundo, aunque trabajosamente. El aire estaba helado otra vez. Mi difunta madre seguía esperando allí, inmóvil.

-Mamá, no recuerdo con qué coño me drogué, ni que bebí después. No puedo levantarme y casi no puedo respirar.

La masa cambio de forma otra vez, y soltó una carcajada con fuerza. Su risa se me hizo muy familiar. Demasiado familiar.

-Ya sabía yo que terminarías en una esquina- me dijo mi amada entre risas-, drogado y borracho.
-Cállate, infeliz.
-Tú pareces ser más infeliz que yo.
-Es tu culpa.
-O la tuya- y se rió nuevamente-.
-¿Mía? ¡Te tenía sentada entre nubes y mira lo que me hiciste!

La masa cambio de forma, transformándose en aquel imbécil que se llevó mi felicidad con mi amada. Éste se burló de mí.

-¡Fracasado!- me gritó entre risas- No eres más que un fracasado.
-Desgraciado. Si pudiera levantarme retorcería tu cuello.
-Pero no puedes, porque eres un fracasado. Mira tu estado. Qué bien te ves tirado entre la basura de esta calle.

Fue entonces desapareció la masa. Ya casi no puedo respirar. Estoy demasiado cansado y sediento. Cansado de esta vida y sediento de paz. “¿Quiero morir?” No, qué exagerado.

"¿Por qué de repente hace tanto calor? Hace unos segundos me estaba congelando en esta mierda". ¿Qué pasó con la vida de novela? ¿No debería el protagonista tener un final feliz? No veo la felicidad por ningún lado. Aunque sí veo mi final aquí entre la basura, entre las masas coloridas, entre mis sueños. Qué sueño...



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